EMOCIONES: LA CULPA (Y LA VERGÜENZA…)

Por: F. Calderon

EMOCIONES: LA CULPA (Y LA VERGÜENZA…)

 

De todas las emociones he querido centrarme en la culpa y una de sus principales derivadas, la vergüenza, porque de alguna forma es una manera de profundizar en mí mismo, al tratarse de emociones bastante recurrentes en mi vida. Aprovecho pues este trabajo para trabajar yo mismo en estas cuestiones a través de recopilar toda la información existente que he sido capaz de reunir y tratar de darle un sentido, para mí y para todo el que me lea.

Si empezamos por definirla, muchos autores coinciden en definir la culpa como un afecto doloroso que surge de la creencia o sensación de haber traspasado las normas éticas personales o sociales especialmente si se ha perjudicado a alguien. Así pues, el sentimiento de culpa es considerado como una emoción negativa que, si bien a nadie le gusta experimentar, lo cierto es que es necesaria para la correcta adaptación a nuestro entorno. Su origen tiene que ver con el desarrollo de la conciencia moral, que se inicia en nuestra infancia y que se ve influida por nuestras diferencias individuales y las pautas educativas. Su origen tiene que ver con el desarrollo de la conciencia moral, que se inicia en nuestra infancia y que se ve influida por nuestras diferencias individuales y las pautas educativas.

La culpa es una emoción que aparece cuando interpretamos que no estamos a la altura de lo que esperamos de nosotros mismos o lo que es peor, de lo que creemos que se espera (nuestro entorno más cercano) de nosotros mismos. Sin duda la culpa es una emoción inútil, lo único que conseguimos es sacar el látigo y empezar a castigarnos sin parar como solo nosotros mismos podemos hacerlo. No sirve para nada más, ni arreglamos ningún problema, ni lo afrontamos, ni aprendemos, ni crecemos, ni mejoramos, ni nada, lo único que hacemos es machacarnos, llenarnos de ansiedad o frustración y destrozar nuestra autoestima.

Por desgracia, la culpa es una emoción muy común en la sociedad, nos sentimos culpables casi cada día aún sin ser conscientes. Es una emoción muy próxima a otras emociones ‘negativas’ como la ira y la tristeza y con conexiones directas con la vergüenza, la contrición, el remordimiento y el arrepentimiento. Y no solo es lo que dicen los expertos, hablo de mí y de mis experiencias cuando escribo esto.

Todos deseamos evitar el sentimiento de culpabilidad, pues como hemos visto y experimentado, conlleva tristeza, vergüenza, autocompasión, mala conciencia, remordimientos, una mezcla de emociones y sentimientos que nos hacen sentir mal y que además se retroalimentan entre sí dificultando su identificación y una superación de los mismos. Además, se produce un mecanismo de autoaprendizaje y evitación de manera que intentaremos no repetir aquello que nos ha producido un sentimiento de culpa y un sentimiento de fracaso cuando caemos en ella de nuevo.

A veces la culpa puede ser útil convirtiéndose en responsabilidad, a diferencia de la culpa asfixiante, estéril y patológica, que tortura. Los sentimientos de culpa que nos permiten rectificar los errores o faltas que hayamos podido cometer resultan útiles. Se entiende así la culpa como responsabilidad. Los otros sentimientos de culpa, suponen un lastre que agota nuestra energía y generan inútiles y profundos sentimientos de malestar. La culpabilidad patológica no tiene nada que ver con la culpabilidad sana o responsable, que sanciona una falta.

ORÍGENES, CAUSAS Y ELEMENTOS

No se nace con estos sentimientos de culpa o vergüenza, se aprenden, en el contexto familiar, los amigos, la escuela y el contacto social. Sin duda la culpa se aprende a través de muchos y variados condicionantes, desde los culturales hasta las experiencias más personales:

  • Cultura, Religión y Sociedad. Culturas excesivamente moralistas, rígidas o puritanas que remarcan sobremanera las consecuencias terribles de “equivocarse como las sociedades católicas
  • Familia y Educación. Figuras familiares (padres o tutores/educadores principalmente) que nos transmiten sus defectos o formas de ver la vida (perfeccionismos, moralidades) y que luego a su vez copiamos cuando nos relacionamos de adultos con otras figuras que sirven como imágenes paternales y maternales: jefes, parejas, etc.
  • Actitudes erróneas que vamos aprendiendo (de manera individual) en la vida como el perfeccionismo, el miedo al conflicto, la excesiva responsabilidad por los demás o las dependencias afectivas.
  • Experiencias vitales que nos hayan generado un sentimiento de culpa muy marcado.
  • Procesos de duelo, donde la culpa es más “comprensible” como la muerte de seres queridos.

Las causas de la culpa no son homogéneas ni evidentes, ya que el sentimiento de culpa está profundamente relacionado con la escala de valores personales de cada uno, producto de la educación recibida y las vivencias. No todos experimentaremos culpa ante las mismas cosas y no toda culpa tiene un origen necesariamente reprobable, por tanto es fácil caer ante sentimientos de culpabilidad que choquen con la biología propia de las personas o sus intereses.

Para entender la culpa hay que conocer cuáles son sus elementos:

  • Un acto causal, real o imaginario.
  • La percepción y autovaloración negativa del acto por parte del sujeto (mala conciencia).
  • La emoción negativa derivada de la culpa (remordimientos).

En ocasiones, el sentimiento de culpa puede llegar a ser tan fuerte que puede manifestarse de manera notoria a través de señales físicas (dolores en el pecho, estómago, cabeza o espalda), emocionales (irritabilidad, nerviosismo o tristeza) o mentales (autoreproches, autoacusaciones y pensamientos destructivos de la autoestima).

La culpa puede ir en dos direcciones:

  • Intrínseca: Malestar que nos invade por haber cometido un acto (o no haber hecho) por el cual hemos salido perjudicados. Por ejemplo, sentirnos culpables por no haber hecho lo suficiente para no conseguir algo.
  • Extrínseca: Cuando realizamos una conducta (o ausencia de ella) y por ello otra persona sale perjudicada. Por ejemplo cuando le faltamos el respeto a un amigo, lo cual provoca que ese amigo se sienta herido y en consecuencia, nos sentimos culpables por haberle herido.

¿CUANDO NOS SENTIMOS CULPABLES?

Existen multitud de situaciones o relaciones que suelen activar nuestra culpa, puede ser por cosas que hemos hecho mal, ante reacciones de otras personas, frases que nos dicen, pensamientos que tenemos o incluso ante hechos positivos. Tener claro cuáles son esas situaciones nos puede ayudar a ser más conscientes y saber luego trabajar para atenuar esos sentimientos de culpa:

  1. Por la relación con nuestros padres. Muchas relaciones con los padres suelen activar la culpa y provocar que los hijos lo pasen muy mal: “Con todo lo que hice por ti cuando eras pequeño”.
  2. Por la relación con nuestra pareja. Otro clásico activador de culpa que distorsiona la relación de manera desproporcionada llegando a crear dependencias emocionales fuertes: “Si me dejas seguro que me deprimo”.
  3. Por la relación con nuestro hijos. Por ejemplo, muchos padres se sienten culpables de no estar tanto tiempo con sus hijos y eso provoca muchas veces que tomen decisiones marcadas por la culpa y no por lo que es mejor para la educación de sus hijos: “Tú no me quieres. Si me quisieras, me comprarías lo que quiero”.
  4. Por otro tipo de relaciones. Amigos, familiares, en el trabajo, con nuestro jefe, nuestro compañero de trabajo, nuestro empleado: “Por favor, déjame el dinero que te pedí, sé un buen amigo anda” / “Es muy importante que te quedes todo el mes trabajando hasta la noche. No me decepciones”.
  5. Por estar haciendo las cosas bien o tener éxito: “Me siento culpable por tener una vida tan maravillosa y que haya gente tan desfavorecida en el mundo”.
  6. Por estar haciendo las cosas mal o fracasar: “No estoy estudiando nada y me siento muy culpable”.
  7. Por pensar bien: “Cuando creo que me van bien las cosas en la vida me siento mal conmigo mismo”.
  8. Por pensar mal: “Cada vez que pienso que mi vecino es un idiota y no lo aguanto, me siento mal conmigo mismo”.
  9. En situaciones en las que haya que decir NO o poner límites de algún tipo: Propinas en los bares, decir no a algún favor, que te pidan dinero.
  10. Por todo lo que rodea al sexo: “Tengo pareja pero a veces tengo fantasías sexuales y me siento muy culpable”.
  11. Por “pasarse con las cosas buenas”: “No debería haberme comido esos tres dulces, ahora me siento culpable”.
  12. Por errores pasados: “Me siento fatal, mira que equivocarme y no felicitarle su cumpleaños”.
  13. Por tener emociones positivas: “Cada vez que me siento tranquila y feliz en la vida hay como una vocecita en mi interior que me hace sentir culpable”.
  14. Por tener emociones negativas: “Me siento muy angustiado y con mucha ansiedad, y lo peor de todo, me siento muy culpable porque lo tengo todo en la vida y no debería sentirme así”.
  15. Por las emociones de otros: “Hice un comentario sobre su traje y le sentó fatal, la verdad es que me siento muy mal con migo mismo”.
  16. Cuando nos responsabilizamos de relaciones o problemas de los demás (de las que obviamente no somos responsables): “Está deprimido en su casa y aunque le llamo todos los días me siento muy culpable por no hacer más”.
  17. En definitiva, cuando no somos “buenos” (o dicho de otra manera, cuando somos “malos”): “Me portado mal con ella, ¡me siento bastante culpable!”.

 

CARACTERÍSTICAS COMUNES DE LAS PERSONAS CON ALTA CULPABILIDAD

Se angustian con facilidad, ya que al no sentir que tienen el control sobre sí mismos y el entorno su ansiedad se elevará, y por consiguiente su autoestima se verá mermada.

Tienden a infravalorarse y despreciarse a sí mismos, se vuelven autocríticos, convirtiéndose en su propio, cruel, severísimo e implacable verdugo.

Los sentimientos de autoexigencia y perfeccionismo los acompañan en el día a día por lo que serán más propensos a frustrarse.

Tienen miedo de equivocarse y cometer errores por lo que ante cualquier contratiempo se sienten un fracaso y tenderán a autocastigarse a través de pensamientos negativos donde se repiten una y otra vez lo poco válidos que son.

Necesitan constantemente la aprobación de los demás y de sí mismos, precisan de una constante retroalimentación que ensalce la valía para saber que van por el camino correcto según la propia percepción.

Temen al rechazo. Tienen miedo a que los demás los tachen de poco válidos o débiles por lo que siempre estarán intentando dar lo mejor de sí para que eso no suceda.

 

 

14 EFECTOS MUY NEGATIVOS DE LA CULPA

  1. Nos impide responsabilizarnos de nuestra vida. Al “esposarnos” a nuestros errores pasados y focalizar nuestra atención hacia ahí, dejamos de vivir el presente y responsabilizarnos de él.
  2. Disminuye nuestra autoestima. Si nos estamos todo el rato fustigarnos por lo ocurrido, diciéndonos lo mal que hemos hecho, está claro que nuestra autoestima lo pagará muy pero que muy caro.
  3. Nos inmoviliza. La culpa y sus “deberías” son como piedras gigantescas que bloquean nuestra vida.
  4. Nos impide tomar decisiones sanas. La culpa provoca que tomemos decisiones distorsionadas en busca de compensar nuestro sentimiento de culpabilidad o incluso peor…
  5. …Podemos crear una espiral de autodestrucción en nuestra vida. El sentimiento de culpabilidad nos aumenta la ansiedad y a su vez disminuye la autoestima, comenzando a tomar malas decisiones en nuestra vida o lo que es peor, decisiones para hacernos daño (por que “nos lo merecemos”) como beber de más, relaciones insanas… en una espiral cada vez mayor de culpa, inseguridad y decisiones destructivas.
  6. Nos genera un cúmulo de ira, ansiedad y frustración innecesario. El cocktail molotov de emociones que va asociado a la culpa es muy dañino y puede explotarnos en nuestras propias manos.
  7. No aceptamos. El primer paso para pasar página y crecer como persona es aceptar el posible error, lo que está claro es que esta emoción nunca nos dejará aceptar absolutamente nada.
  8. No aprendemos de lo ocurrido. Tanta lamentación por lo ocurrido (y si hace hasta el fin de nuestros días), pensando en lo malo que hemos sido, y lo culpable que nos sentimos que no tenemos tiempo para lo más importante, aprender del error cometido.
  9. No crecemos. ¿Cómo vamos a crecer como personas si ocurre todo lo anterior? Peor aún, muchas personas involucionan a causa de la culpa a niveles muy insanos.
  10. Caemos en el peor de los victimismos al genera pasividad, indefensión y a expensas de que algo externo nos redima.
  11. Empeora nuestras relaciones. Si estamos llenos de amargura o inseguridad por tanta culpa, las relaciones a nuestro alrededor se degradan poco a poco.
  12. Genera dependencias afectivas. La culpa es una de las mayores fuentes que existen de apego afectivo al perder la perspectiva, cegarnos y ser prisioneros de la relación.
  13. Está relacionada con multitud de trastornos psicológicos. Trastornos de ansiedad, depresiones, obsesiones, adicciones… ¿quién da más?
  14. Nos hace infelices. En definitiva, la culpa coarta nuestro objetivo último en la vida, el bienestar personal, realizarnos como personas… nuestra felicidad.

LAS RETRIBUCIONES PSICOLÓGICAS DE LA ELECCIÓN DE LA CULPABILIDAD (Por Wayne Dyer)

Hasta aquí hemos indagado sobre las consecuencias negativas de estas emociones, pero incluso a veces, vemos como beneficios estos sentimientos, son excusas fáciles, justificaciones y autoengaños que nos hacemos manteniendo la culpa en nuestras vidas. Así pues, Wayne Dyer expuso en su libro “Tus Zonas Erróneas” las razones más básicas para elegir sentirnos culpables:

  • Si absorbes tus momentos presentes sintiéndote culpable por algo que ya sucedió, no tendrás que emplear tu momento actual en actividades eficientes y provechosas. Simplemente, como muchos comportamientos autofrustrantes, la culpa es una técnica de evasión que sirve para impedir que trabajes por ti mismo y en ti mismo en el momento presente. Así trasladas tu responsabilidad por lo que eres o no eres ahora a lo que eras o dejabas de ser en el pasado.
  • Al trasladar tu responsabilidad hacia atrás, no sólo evitas el trabajo pesado que significa cambiarte a ti mismo ahora, sino también los riesgos que acompañan dicho cambio. Es más fácil inmovilizarse con sentimientos de culpa por los sucesos del pasado que emprender la senda llena de riesgos que lleva a crecer y desarrollarse en el presente.
  • Existe la tendencia a creer que si te sientes lo suficientemente culpable, a la larga quedarás exonerado de tu mal comportamiento. Esta retribución de perdón es la base de la mentalidad carcelaria que describimos arriba, por lo cual el preso paga sus pecados sintiéndose terriblemente mal durante un largo período de tiempo. Cuando más grande haya sido el delito, más largo será el período que se necesite para lograr el perdón.
  • La culpabilidad puede ser el medio de volver a la seguridad de la niñez; un período cómodo en el que otros tomaban las decisiones en tu nombre y se ocupaban de ti. En vez de hacerte cargo de ti mismo en el presente, confías en los valores de los otros en tu pasado. Y una vez más la retribución radica en sentirse protegido del peligro de hacerte cargo de tu propia vida.
  • La culpa es una manera muy útil de transferir la responsabilidad de tu comportamiento hacia los demás. Es fácil enfurecerse con los demás por la manera en que te manipulan, y trasladar el enfoque de la culpa de ti mismo hacia esas otras personas terribles que son tan poderosas que pueden hacerte sentir lo que quieran, incluso culpable.
  • A menudo puedes ganarte la aprobación de la gente, incluso cuando está de acuerdo con tu conducta, simplemente sintiendo culpa por ese comportamiento. Puedes haber hecho algo que transgreda las normas establecidas, pero al sentirte culpable estás demostrando que sabes muy bien cómo debes comportarte y que estás haciendo lo posible por adaptarte.
  • La culpa es una espléndida manera de ganarse la compasión de la gente. Y no importa si el deseo de compasión demuestra claramente que tienes una pobre idea de ti mismo. En este caso prefieres que los demás sientan pena por ti en vez de amarte y respetarte a ti mismo.

Aprender a gestionar la culpa

La culpa nos hace angustiarnos, torturarnos y despreciarnos. El problema no radica en sentirla, sino en cómo manejar la culpa. Para mejorar su gestión te proponemos estos sencillos pasos:

1.- Examina si eres responsable de lo que ha pasado. La clave de la intervención en la culpa patológica consiste en delimitar tu parte de responsabilidad con la ajena. Para liberarnos de ella es necesario saber cómo afrontamos la responsabilidad. Bajo los efectos de los sentimientos de culpa asumimos responsabilidades que no nos corresponden.

2.- Reconoce la culpa. El psicoanalista Sigmund Freud decía que solo se puede vencer al enemigo en su presencia. Acoger el sentimiento de culpa supone asumir su presencia y ponerle palabras. Pensamiento y lenguaje entran en juego para reconocer las emociones.

3.- Expresa la culpa. Si reprimimos y ocultamos la culpa, nos encerraremos en la soledad y el silencio, y en la duda. Las palabras permiten romper ese aislamiento. Contarle a alguien lo que nos hace sentir culpables y cómo nos sentimos ayudará a aliviar el sentimiento.

4.- Reconoce tus propias limitaciones. Disminuir nuestro nivel de exigencias y exceso de responsabilidades de asuntos o sufrimientos ajenos, ayuda a no sentirnos culpables por todo. Renunciar al control, aceptar la existencia de situaciones que se nos escapan, y saber que no podemos llegar a todo, es muy importante.

5.- Elimina los auto-reproches. Los auto-reproches sirven de muy poco. Por el contrario generan dolencias de todo tipo y estados de ansiedad que potencian círculos viciosos de pensamientos negativos. Unos ciclos que a su vez alimentan el sentimiento de culpa.

6.- Pide disculpas. Reflexiona sobre tu modo de actuar, y si sientes que has obrado mal o con desgana, no le des más vueltas. Busca alternativas para reparar el daño, y si no, pide disculpas a la persona afectada. Proporciona un gran alivio y sobre todo abre las ventanas a emociones más positivas.

 

federicoFederico Calderón

Responsable TI y Seguridad (Chief Information and Security Officer)

 

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