Tengo que clavar un clavo, menos mal que hice un curso de coaching

Pedro Pérez

Supongo que a vosotros/as, como a mi, os llegan multitud de propuestas formativas y comerciales, en las que una superempresa, con un superequipo, superpreparado, está en disposición de brindaros las claves del éxito, profesional y personal, a través de algún programa magistral, que incluye en su título alguno de los términos de moda en ese momento.

 

Por poner algún ejemplo: hace unos años la gestión del conocimiento iba a resolver todos los problemas de management que pudieran existir. Cualquier circunstancia podía ser analizada desde ese prisma. Desde problemas logísticos hasta la relación con los clientes/as. En otro momento estuvimos (y estamos) bombardeados/as por soluciones basadas en la Inteligencia Emocional. Haced memoria ¿a cuántos cursos, seminarios, presentaciones, etc, etc, etc. sobre este tema habéis sido invitados/as? Lo mismo servía para entender a nuestro/a cliente/a que para mejorar nuestros equipos, que para ayudarnos con nuestros problemas intestinales (José Coronado: dile adiós al Activia).

No seré yo quien levante ni una sola palabra en contra de herramientas tan útiles como la Gestión del Conocimiento o la gestión y estudio de la Inteligencia Emocional. Es obvio que son instrumentos muy importantes en diversas áreas de actuación. Tienen utilidades concretas, y su gestión consciente puede mejorar nuestro trabajo y nuestra vida. Sin embargo, sólo las modas, sólo las terminologías en boga pueden afirmar que son bálsamos maravillosos que sirven para TODO.

Son tantos los cuentos que nos han narrado, tantas las visitas de comerciales tratando de vendernos la adaptación a nuestro negocio de modernas metodologías de moda, tantos los powerpoint que iban a resolver nuestros problemas… que seguro que casi todos/as hemos desarrollado una cierta desconfianza hacia las metodologías holísticas que todo lo pueden.

Me imagino a esa persona que ha huido de estupendas metodologías, simplemente, porque algún/a avispado/ le vendió que lo mejor para evitar la alopecia era la implantación de un sistema de gestión por competencias. No seré yo quien le explique al calvo/a que la gestión por competencias es un sistema utilísimo…. para otras cosas.

Cada día recibo numerosos reclamos del uso del Coaching para las tareas más peregrinas, algunas realmente asombrosas. No os daré detalles porque supongo que vosotros/as también recibiréis ese tipo de información, pero me hace pensar que hoy corremos el riesgo cierto de que nuestra disciplina, a base de usos inadecuados, y de estar en boca de ‘vendemotos’ pase a ser percibida como uno de esos bálsamos de moda que a base de ser mal utilizado acaba generando más desconfianza que interés. Las personas que creemos que el Coaching psicológico es una poderosísima herramienta tenemos la obligación, la responsabilidad de establecer unos límites en su utilización una idoneidad para las materias que puede tratar con éxito.

Creo que mi formación como coach me ha mejorado como profesional y como persona, y estoy seguro de que podré acompañar en sus proyectos de mejora a mucha gente, pero de lo que más seguro estoy es que no me hará clavar clavos mejor lo que lo hace mi vecino.

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