Las emociones: Como trabajarlas

Anabel del Castillo

Asesor Financiero

La palabra emoción proviene del latín: “emóvere”, que significa agitar. Las emociones nos “agitan” psicológicamente y se manifiestan corporalmente con mayor o menor intensidad, especialmente en la cara, y a través de la conducta, es decir, en cómo nos comportamos cuando las sentimos.

Las emociones aparecen de forma súbita por un estímulo exterior o interior y lo que hacemos cuando las sentimos, la conducta que adoptamos, es lo que marca la diferencia entre el buen o mal resultado que las mismas tengan sobre los demás y sobre nosotros mismos.

En general, nos han enseñado que mostrar la emociones es un signo de debilidad, que hay emociones buenas y malas, que debemos sentir ciertas emociones ante situaciones concretas y sentirnos culpables por tenerlas o no tenerlas en según qué circunstancias, etc.

Las emociones son buenas y necesarias, lo que ocurre es que generan bienestar o malestar. Nos hablan en un lenguaje que debemos aprender a escuchar, nos aportan una información muy útil sobre nosotros mismos: cuales son nuestros valores, nuestros juicios, nuestras creencias, etc. Lo más importante es que vamos a hacer con esto que sentimos, que posibilidades de acción nos va a dar. Todos y cada uno de nosotros nos podemos sentir de forma distinta ante una misma situación porque realizamos nuestra propia interpretación de la realidad, de lo que acontece.

Como coaches, ¿Cómo podemos trabajar las emociones con nuestros clientes?:

Dada la potencialidad que tienen las emociones, podemos ayudar a nuestro cliente a que encuentre su productividad. En primer lugar, reconociéndola, sintiéndola y aceptándola sin juzgar. En un segundo paso, averiguando las razones que han disparado esa emoción, en qué situación ha sido, que ha ocurrido concretamente, que pensamientos ha tenido, distinguiendo hechos de juicios, experimentando un cambio de observador, etc. Seguidamente, puede valorar como le sirve la conducta que tiene tras esa emoción, tomar conciencia de que si no puede elegir la emoción sí que puede elegir la acción, que posibilidades le puede dar. Tras esta indagación puede ver la realidad desde otro punto de vista y practicar un autodiálogo diferente que le ayude a tener una conducta que le beneficie o que finalmente se transforme la emoción que en un principio originaba un malestar.

Es muy importante que seamos conscientes de nuestras propias emociones en la interacción con el cliente y de cómo pueden afectar al proceso. Es imprescindible que generemos el contexto para que el cliente se sienta con la confianza y comodidad para expresar sus emociones, escuchar activamente estando muy atentos tanto al lenguaje verbal, corporal y emocional, ser conscientes de que hay emociones que se manifiestan muy claramente y otras que están latentes y que hay emociones que se ocultan tras otras.

Os dejo el enlace de youtube de un cuento de Jorge Bucay llamado “La Furia y Tristeza”, cuenta como estas dos emociones se encuentran escondidas una detrás de la otra.

https://youtu.be/7e2zEuS-jn4

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