ENVIDIA SANA

Por: Eva M.

Envidia Sana

 

“La envidia es mil veces peor que el hambre porque es hambre espiritual”

Miguel de Unamuno.

 

“Marcos ha tenido un día en el trabajo estupendo, está a punto de acabar su jornada y hoy especialmente tiene ganas de llegar a su casa y contarle a su mujer como le ha ido el día: hoy le han comunicado un aumento de salario del 15%; un reconocimiento que lleva esperando tiempo y que por fin ha llegado. Justo cuando Marcos está saliendo de la oficina, se encuentra con su compañero Jorge y bajan juntos en el ascensor. Jorge parece exultante, y Marcos le pregunta que si le ha ocurrido algo para esa alegría desbordante que desprende; “pues si Marcos, estoy muy contento, hoy el jefe me ha comunicado un aumento del 20% y estoy deseando llegar a mi casa y celebrarlo con mi mujer e hijos”. Casi de manera instantánea, a Marcos le cambia el semblante, esa alegría contenida que le rebosaba el cuerpo se ha convertido en una rabia que no atiende a entender: “si hasta hace unos minutos estaba eufórico, pero no entiendo porque a Jorge le han subido un 20% y a mí un 15%! No es justo”

¿Has sentido envidia alguna vez de alguien a quien le va muy bien? ¿Hay ciertas personas que no soportas porque crees que no se merecen estar dónde están? ¿Existe la envidia sana?

Para aquellos a los que al leer la anécdota que abre mi relato han pensado “normal que este jodido, a su compañero le han subido más el salario” o se han visto reflejados de algún modo, os recuerdo que Marcos no sabe lo que cobra su compañero (probablemente menos que el) y que antes de esa conversación su objetivo era llegar a casa para compartir y celebrar con su mujer la ansiada subida de sueldo. Ahora se va a casa con un sentimiento muy diferente. Es triste, pero somos jodidamente felices hasta que creemos que el de al lado lo es un poco más.

La envidia es una emoción compleja que acoge pensamientos, sentimientos, emociones y conductas. Existen dos tendencias principales que llevan a una persona a sentir envidia: desear lo que no tiene y compararse con los demás, y la incapacidad de sentir empatía por la persona envidiada y ponerse en su lugar.

La envidia es un sentimiento de frustración que emerge en la comparación con otros. En esta comparativa el envidioso siente que sale perdiendo siempre, y lo atribuye a una injusticia, quedando a disposición de la tristeza y la rabia por el que siente más dotado o con más suerte.

Es difícil reconocer la envidia en uno mismo porque va asociada al deseo de arrebatar o destruir lo bueno que el envidiado tiene y eso es moralmente reprobable, y en muchas ocasiones el ambiente queda contaminado por las críticas, el sarcasmo, el desdén o el humor negro. La envidia destruye la autenticidad de las relaciones, en lugar de fomentar la cooperación y la gratitud, hace que aflore el resentimiento.

Desde el punto de vista práctico, envidiar es perder el foco en nosotros y nuestros recursos para estar pendientes de los demás e idealizar sus características o logros. Podemos pensar que si fuéramos más jóvenes o tuviéramos más dinero o quizá más éxito social seríamos personas más satisfechas, nuestra vida sería otra. De esta forma dejamos la llave de la felicidad en circunstancias externas que pueden no estar presentes en nuestra realidad actual a la vez que dejamos de ver todo lo que sí podemos gozar.

Creo que el gran paso que las personas debemos dar en relación a la envidia es aceptarla, dejar de demonizarla y convertirla en lo que se llama envidia sana. Porque si, todos somos unos “envidiosos” aunque sea de manera sana, pero en lugar de sentirnos inferiores, frustrados o en continua comparación, podemos utilizar esa “envidia sana” para ver que recursos puedo adquirir o cuales debo desarrollar para acerarme a las personas que envidio.

 Eva Menendez

HR generalist – Saint Gobain

Coach Ejecutivo-Organizativo Profesional

 

 

 

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