TODO CAMBIA CUANDO EMPEZAMOS A SENTIR

Por: M. Esquivel

 

TODO CAMBIA CUANDO EMPEZAMOS A SENTIR

 

En las agendas de los directores de RRHH está empezando a escribirse un nuevo punto pendiente: el cuidado del bienestar psicológico de sus empleados. Hasta ahora su foco en el capital humano de las empresas venía marcado por planes de formación, compensaciones por el buen quehacer, y en su versión más actual, verdaderas prácticas de conciliación. Las tendencias han seguido cambiando, y gracias a la creciente conciencia social sobre la salud psicológica, los directivos cercanos a las personas están empezando a plantearse cómo cuidar de lo que de verdad importa en una organización.

Desde mi punto de vista profesional, como psicóloga clínica, puedo afirmar que existen muchas maneras diferentes de cuidar de los empleados en términos de salud mental, desde sesiones de información, a talleres e incluso incluir a un psicólogo habilitado para la práctica clínica en las sedes. Todas estas y muchas otras ideas tienen la misma misión: cuidar a todas esas personas que se esfuerzan día por día en sacar su trabajo y sus organizaciones adelante. Pero si estas opciones parecen demasiado formales (requiriendo de un largo procedimiento burocrático para ser aceptadas y puestas en marcha), siempre se puede hacer un trabajo más personal e informal. Recordemos que la chispa del cambio puede empezar perfectamente por una sola persona e ir calentando paulatinamente al resto, generando cambio en los diferentes grupos que conforman el sistema de la organización, llegando incluso a calar en la propia estructura de esta.

El camino hacía este cambio es tranquilo, paciente y dinámico. Y lo más bonito es que es un proceso que puede empezar en uno mismo y acabar generando un ambiente compartido de transparencia y conexión. ¿Cómo podemos accionar este cambio? Aquí propongo un pequeño plan de acción:

– Empezar a sentir lo que nos pasa internamente. Cada vez que nuestra biología genera una emoción, nuestro cerebro activa una serie de conductas fisiológicas específicas. Tan sólo tenemos que pararnos cada vez que notemos que algo cambia, por el motivo que sea, e intentar conectar con nuestro interior en el momento presente. Poco a poco, podemos ir poniendo nombre a cada emoción e incluso podemos relacionar emociones con situaciones de nuestro día a día en el trabajo.

– Escuchar el mensaje de cada emoción, tanto de las positivas como las negativas. Las emociones, como reacciones biológicas tienen un para qué, algo que nos mueve a actuar de una manera determinada. Vayamos un paso más allá y conectemos con su mensaje, enfrentémonos a lo que nos tengan que decir, y tomemos el control sobre la situación (sobre todo cuando el enfado nos absorbe y nos lleva por vías de escape inapropiadas). Con tiempo iremos restructurando la relación con nuestras emociones y el nuevo sistema equilibrado nos ayudará a mejorar nuestra sensación de bienestar.

– Crear conciencia de que cada individuo experimenta internamente luchas por gestionar o no gestionar sus emociones, y empecemos a empatizar. Porque una vez que empaticemos y nos paremos a escuchar a nuestro compañero, a nuestro empleado o a nuestro jefe estaremos acogiendo y ayudando a reorganizar esos sistemas emocionales aún caóticos.

Siguiendo este esquema, me gustaría presentar algo más concreto, un ejemplo que recuerdo con especial cariño, pues forma parte de un proceso de desarrollo personal que trabajé desde

el coaching con un alto directivo. Cuando vino por primera vez a sesión tenía la clara idea de que algo no iba bien dentro suyo, se notaba alterado, pero no entendía por qué. Llevaba seis años en la misma empresa, había estado en dos puestos diferentes y había dirigido equipos de más de 30 personas. Todo lo externo y los externos le decían que debería ser feliz, pero él sabía que había algo más y necesitaba descubrirlo. El proceso estuvo marcado por la curiosidad personal y la reflexión, mientras indagábamos en sus reacciones primarias. La primera reacción cuando salió el tema de las emociones fue cortante, pero su curiosidad por encontrar el mensaje que necesitaba oír tuvo más valor. En una primera instancia trabajamos la rueda de las emociones, con el fin de que a lo largo de la semana fuese uniendo cambios internos con emociones, y relacionando comportamientos con esa combinación. Cabe mencionar que su malestar interno le estaba causando muchos conflictos en el ámbito profesional y había impactado gravemente su productividad. Esta tarea derivó en la importancia de conectar con el mensaje que le enviaba su emoción, porque se divisaba una posible necesidad no cubierta que le accionaria hacia el cambio. Al poco, algo “hizo clic”, ya sea por el feedback, feedforward or feedwithin, pero un mensaje claro y directo le llegó a mi cliente: la misión con la que entro a su empresa se había visto apartada por responsabilidades técnicas del puesto, lo que le generaba una frustración consigo mismo y con su propósito dentro del mundo profesional. Este insight, que había nacido de escucharse a si mismo a través de la emoción, nos ayudó a definir un objetivo de trabajo que le ayudó a recuperar su motivación laboral y a ser el motor del cambio dentro de su departamento, llegando incluso a implementar unas prácticas premiadas por su contribución a la comunidad organizativa.

Dejando el ejemplo a un lado, el esquema que he descrito es para mí el plan de acción básico, un modelo que todos podemos adoptar y modificar en función de nuestras propias habilidades y fortalezas. El orden no importa siempre y cuando sepamos para qué queremos sentir y ayudar a los demás a sentir. En ese momento, empezaremos a entender. Entender porqué una llamada del jefe nos acelera, porqué un conflicto con nuestros compañeros nos consume, porqué la ausencia de respuestas a nuestros emails nos frustra, etc. Abrámonos a descubrir como nosotros cambiamos cuando empezamos a sentir.

Y si esto nos cuesta y necesitamos un poquito de ayuda extra, activemos la esperanza: estoy segura de que poco a poco la dinámica general de las organizaciones va a ir acercando a sus empleados a la Inteligencia Emocional. Y tan pronto como se extienda la voz del verdadero impacto positivo que la correcta gestión de estas reacciones biológicas de todos los seres humanos, incluyendo a los seros humanos cuando están en su puesto de trabajo, tiene en la productividad de los empleados se provocará un cambio que facilitará el florecimiento de las compañías en su máximo potencial.

 

Miriam Esquivel Moreno

Coordinator of SINEWS InCompany SERVICES

Psychologist & Executive Coach

 

 

 

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