Gestión de las emociones del coach

Por: Isabel B.

 

Gestión de las emociones del coach

 

Cuando sé que voy a ir a una sesión de coaching siento alegría por ello y por haber recorrido un camino vital y profesional que me ha llevado a trabajar con personas. Muchos días siento también, en paralelo o en alternancia con esa alegría, cierta ansiedad, derivada sobre todo de la duda acerca de mis propias capacidades como coach. ¿Generaré el rapport adecuado? ¿Sabré tirar de él o ella para ayudarle a que defina su objetivo? ¿Daré con las preguntas adecuadas para generarle insights? ¿Tendré conciencia de mi radio interior para que no interfiera en el proceso?

 

Una vez que me encuentro con el coachee y a lo largo de la sesión, a menudo se repite la alegría por la conexión y por los avances del coachee y vuelve la ansiedad cuando siento que no sé muy bien cómo llevar la sesión. Aparece el enfado cuando el coachee vuelve por enésima vez a lo mismo, la empatía cuando me cuenta algo que refleja su sufrimiento o el rechazo cuando me plantea algo contrario a mis valores. Todo esto puede surgir en una misma sesión, llevándome por un río bravo emocional.

 

A lo largo de mi experiencia, he descubierto algunas herramientas que me ayudan a gestionar todas estas emociones y a continuar con la sesión de manera más profesional. Aquí van algunas de las que he utilizado con éxito:

 

  • Poner los cinco sentidos en lo que transmite el coachee: sumergirme por completo en la sesión y escuchar, mirar, observar sus movimientos y su lenguaje corporal, las expresiones de su cara. Esta inmersión me lleva a una especie de estado de flow, me saca de mí misma para darme al otro y minimiza o anula mi ansiedad.

 

  • Postura corporal. Un exceso de empatía puede acabar quemando a los profesionales por sobreidentificación con el sufrimiento ajeno, mientras lo que algunas corrientes llaman compasión hace que mantengamos el deseo y la capacidad de ayudar a los otros a aliviar su sufrimiento. Es necesario entender emocionalmente el sufrimiento de la otra persona, pero no hacerse cargo de él. Cuando la emoción del coachee es muy intensa, una postura corporal recta, ni defensiva ni de alejamiento, con los pies asentados en el suelo, el pecho abierto y las manos apoyadas en las rodillas me ayuda a sentir las emociones del otro sin ser arrastrada por ellas.

 

  • Repetir me permite espejar para que el coachee se contemple y además me da tiempo para poder tomar conciencia plena de mis emociones y procesarlas: percibirlas, identificarlas y dejarlas pasar.

 

  • Intelectualización. El proceso de analizar, procesar y depurar la información obtenida, el utilizar la memoria para guardar frases destacadas en espera del momento para adecuado para utilizarlas o cualquier actividad de racionalización me sacan de la emoción y me permiten tomar perspectiva.

 

La utilización de estas herramientas y su integración para utilizarlas de manera natural me ha permitido gestionar mejor mis emociones y me ha ayudado a gestionar mejor los procesos de coaching y a obtener mejores resultados.

 

Isabel Blanco

Consultora de pymes y emprendedores

Coach Ejecutivo-Organizativo Profesional

 

 

 

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