Por: M. López

La materialización como herramienta de gestión de las emociones

 

La materialización como herramienta de gestión de las emociones

 

La primera vez que hice el examen práctico de conducir tenía tal incertidumbre que no era capaz de controlar la ansiedad; los nervios eran protagonistas desde el día de antes. Intenté escaparme de ellos entreteniéndome, tratando de obviarlos ya que no podía controlarlos, pero rodeaban cualquier tarea que me propusiera hacer para evitarlos, estaban en el aire que respiraba. En el momento de hacer el examen estaba totalmente controlada por ellos, cercada, atenazada. Cometí faltas como para suspender tres veces y, esa misma tarde, me puse físicamente enferma.

 

En La historia interminable, la película basada en el libro del escritor Michael Ende, el Comepiedras le enseña sus fuertes manos a Atreyu mientras se lamenta de cómo La Nada, el villano silencioso que arrasa el reino de Fantasía, le había arrebatado a sus amigos a pesar de que los tenía sujetos con esas manos poderosas. “He fracasado”, se lamenta mientras afirma que dejará que La Nada se lo lleve a él también mientras repite que sus manos parecían fuertes pero no sirven para nada.

 

Lo que escribió Ende está muy relacionado con cómo funcionan las emociones, llegan sin previo aviso y, en ocasiones, con una fuerza tan violenta que ni la persona más capacitada puede sustraerse a su influjo. Su influencia en el rendimiento es innegable y, aunque puedan a llegar a funcionar como motor en ciertas situaciones, en muchísimas otras influyen negativamente en la realización de tareas para las que estamos perfectamente capacitados, llegando a hacernos dudar sobre habilidades que ya dábamos por sentadas.

 

Una clienta me contó que había dejado de lado su web de cocina, con la que tenía cierto éxito de público y que le reportaba ingresos considerables, debido a una serie de problemas personales que había ido encadenando y que la habían dejado tocada. Una vez superado el momento de crisis quería retomarlo pero no lo conseguía.

Durante varios años había gestionado la web ella sola, de principio a fin, pero por algún motivo, en ese momento, no se sentía capaz. Intentó hablarme de la emoción que había detrás de esa incapacidad pero no supo concretarla en palabras, así que trabajamos en una imagen y una sensación. Me dijo que se sentía contenida por un abrazo que era a la vez reconfortante y la tenía cautiva, incapaz de hacer lo que quería, me dijo que ella misma se daba ese abrazo pero que no era ella, la que estaba hablando conmigo, era “otra ella”. El concretar esa emoción personalizándola le permitió darse cuenta de que era manejable, sabía que esa “otra ella” estaba allí detrás, que la iba a intentar sujetar en ocasiones pero ahora tenía cara, sabía a lo que se enfrentaba, sabía que no era incapaz, simplemente tenía un “enemigo” que se había materializado y que estaba poniéndoselo difícil.

 

Las emociones son confusas, repentinas, cuesta cuantificarlas y son imposibles de controlar. Son como La Nada de Ende, se extienden, lo ocupan todo y no tienen cara. Los humanos somos seres racionales que procesan la realidad a través de conceptualizaciones, es por eso que lidiar con algo tan desestructurado como las emociones puede llegar a ser incapacitante.

 

Antes de mi segundo examen de conducir hablé con una persona de lo difícil que me resultaba controlar los nervios y de que estaba segura de que influirían en mi rendimiento como la primera vez. Su consejo fue que no luchara contra ellos, que me hiciera amiga suya.

Empecé a considerar a la ansiedad como otro pasajero que iría conmigo en el coche, una entidad separada que estaría allí, molestándome, pero que no tenía por qué controlarme. Tenía su espacio, sí, acepté que viniera a hacer el examen conmigo pero no iba a dejarle ocuparlo todo, me había entrenado para ese momento, tenía las habilidades y simplemente tenía que contar con ese otro pasajero molesto que iba a ir planteándome dudas sobre lo que estaba haciendo. Pero que él estuviera allí no cambiaba un ápice mi competencia.

 

Y así fue como me convertí en conductora.

 

 Marta López Díaz

Head Of Operations at PlayCom

Coach Ejecutivo-Organizativo Profesional

 

 

 

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