Creencia limitante en el mundo de la empresa: Para ser eficaz es necesario sacrificarse

Javier Santabárbara Gimeno

Al pensar esta frase así expresada, nuestra mente percibe que los logros en la vida son consecuencia de un esfuerzo personal que necesariamente conlleva sacrificio. Lo que obtenemos de este sacrificio es por fin algo que merecidamente hemos logrado: la eficacia. Merece la pena el sacrificio personal que necesariamente nos hace conseguir la eficacia en el trabajo.

Sin embargo sabemos que son muchas las personas que triunfan en su trabajo y no han experimentado sacrificio alguno para ser tan eficaces. Muy al contrario experimentan una permanente satisfacción en aquello que hacen. Son conscientes de que la vida no está exenta de sinsabores, esfuerzos y aspectos negativos, pero todo esto adquiere sentido debido al aspecto optimista y de plenitud que dan a su tarea profesional.
Nuestros ancestros debían mantener contento a un ser supremo que condicionaba su vida terrenal. Para obtener el beneplácito de ese ser trascendente tan influyente debían hacer todos los sacrificios que fueran necesarios. Este comportamiento milenario está muy dentro de nuestro primitivo cerebro. Posteriormente la cultura judeocristiana nos inculcó la necesidad de trabajar con esfuerzo como consecuencia de la culpabilidad con que todos nacemos: trabajarás con el sudor de tu frente. Fue la condena divina a la naturaleza humana por haber desobedecido sus mandatos. Al esfuerzo que supone trabajar se vinculó la necesidad de la satisfacción de una culpa generalizada. A modo de ejemplo esta mentalidad queda plasmada en un aforismo tan popular como: “la letra con sangre entra” para explicar cómo debemos enseñar.
En el mundo de la empresa se busca como objetivo la eficiencia económica. Se ordena el capital, las horas/hombre y las materias primas para conseguir la mayor ganancia posible en el menor tiempo y con el menor coste posible. Y cada día se ve con más claridad que muchos riesgos profesionales que conllevan sacrificio son claramente evitables por ineficientes: el estrés por jornadas de trabajo interminables, el desgaste por no respetar los mínimos tiempos de descanso, la ansiedad que provoca marcar objetivos inalcanzables, etc… Muy al contrario cada día se valora más la creatividad, la satisfacción personal en el desempeño laboral, la capacidad de fluir cuando se trabaja. Poco a poco se va demostrando que son aptitudes más rentables.
Pero, ¿Por qué es limitante esta idea? Es difícil encontrar sentido a una vida condenada al sacrificio como pago por una culpa. Parece que nuestra naturaleza nos hace evitar lo negativo y buscar lo positivo que nos satisface y perfecciona. Quizás así hemos conseguido alcanzar la cúspide de la evolución de los seres vivos.
No es necesario el sacrificio para ser eficaz. Quizás con este enfoque distinto consigamos mayor eficacia en el trabajo tanto por parte del que manda como del que cumple las órdenes.

(#coaching ejecutivo)

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