Competencias del Coach, mi momento difícil generando CONFIANZA

Marina Guillén

La confianza entre coach y cliente es básica para un buen funcionamiento del proceso de Coaching, pero, ¿qué pasa cuando el coach siente que su cliente está cómodo hablando con él porque no lo vive como una amenaza pero a la vez le trata con condescendencia y sin tomarle muy en serio?

En mi primera sesión con un cliente el ambiente en general era plácido y distendido. Mi cliente hablaba con soltura pero con cierto tono de “algún día lo entenderás”. Yo trataba de seguir el hilo de su discurso sin prestar atención a lo que podía ser mi “radio” interfiriendo desde mis propias inseguridades. Al final de la sesión, mi cliente soltó un “llevo todo el día corriendo, se me había olvidado que teníamos sesión hoy, de repente he mirado la agenda y me he dicho <¡Anda! ¡Si he quedado hoy con la niña!>”. En mi cabeza chirrió ese “la niña” como un grillo con megáfono. ¿Cómo va a CONFIAR en mi mi cliente si me ve como una niña que lo tiene todo por aprender?

Desde ese panorama,estaba claro que no iba a funcionar la relación y el proceso iba a resultar completamente inocuo. Ahí empezó mi dilema; ¿cómo me gano la confianza de esta persona sin tener que contarle directamente mi edad y la historia de mi vida? El primer paso fue indagar en por qué me consideraba una niña; efectivamente me echaba varios años menos de los que tengo y aclaramos ese punto. Ahí dejamos la primera sesión.

La siguiente semana pensé mucho en cómo ganarme esa confianza. Mi cliente es una mujer de unos 45-50 años, mando intermedio pero que se ve que cuida mucho su aspecto, así que decidí presentarme a la segunda sesión vestida como si fuese la Consejera Delegada de una gran empresa. En lugar de carpeta, llevaba un pequeño portafolios con asa, me alisé el pelo y me maquillé con tonos un poco más oscuros. Su primera reacción fue inmediata. Me miraba diferente, me hablaba diferente y e incluso se expresaba con menos “certeza” en sus afirmaciones. Comenzó a tratar conmigo entre iguales.

Me doy cuenta que en este caso concreto mi aspecto quizá más juvenil podía estar limitando mi relación con mi cliente dado que a mucha gente le cuesta creer que alguien más joven le puede aportar y/o enseñar cosas. Ser una persona confiable implica, en mi opinión, muchos factores; generar en el otro sensación de no-juicio, de que uno no se va a aprovechar de la vulnerabilidad del otro, que se tiene aptitud para lo que se hace y que se hace desde la integridad y sin dobles intenciones. Pero a veces no basta con SER, también hay que PARECER serio y confiable.

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