Flexibilidad

Por: Miguel Amor y José Luis Orts

 

Flexibilidad

 

Sin duda alguna, la flexibilidad será un factor determinante que el coach ha de poner en juego para poder gestionar con éxito un proceso de coaching. De nada valdría llevar un libreto de recetas aprendido el cual se pudiese aplicar sin criterio y en masa. Cada cliente, cada organización, cada entorno, exigen que el coach adapte las diferentes herramientas y pasos que tiene en su repertorio con objeto de poder alcanzar sus objetivos definidos en el proceso.

 

Será fundamental comenzar desde una aceptación plena de la otra parte, sin presencia de juicio, crítica o cualquier matiz que podamos aportar desde nuestra visión subjetiva. Desde esta aceptación incondicional, como bien argumentaba Carl Rogers, nos adaptamos a aquello que el cliente trae. Esto no quiere decir que estemos de acuerdo con la conducta de la otra parte, solamente que se acepta y nos adaptamos a ella en pos de continuar con el proceso.

 

Otro factor relevante será entender el lugar desde dónde el cliente nos está hablando, desde que creencias, que disonancias o incongruencias internas pone en juego así como que mapa mental estructura su pensamiento y posterior conducta. Tendremos que descubrir también si nos habla desde la persona o desde el rol que asume en una determinada organización, así como qué conflictos se pueden generar por la no sincronía entre ambas figuras. No sería posible entender o validar la actividad o el ejercicio del coach si este no es capaz de identificar y adaptarse a las distintas situaciones por las que va pasando el cliente así como las etapas que se van sucediendo en el proceso.

 

Si estamos trabajando dentro de una organización tendremos que analizar cuáles son los sistemas sobre los que estamos trabajando, cuál es la misión, visión, o la propia cultura de la misma, si se demanda una intervención individual o grupal, ya que conocer estos elementos es determinante a la hora de que nos decantemos por unas u otras herramientas. Se hace imprescindible traer a la luz el concepto de “egoless” o “realismo ingenuo” que sin ser conceptos sinónimos sí que tienen en común el hecho de que el coach ha de saber apagar su radio interna, es decir olvidarse de sus propias experiencias, estudios, títulos, conocimientos, autovaloración, etc., que le hagan situarse en una situación ilusoria de superioridad, ya que no haría nada más que perjudicar la consecución real del objetivo perseguido por el cliente. Uno de nuestros objetivos como coach será el de generar disonancias que permitan reescribir las formas de pensar y actuar en nuestros clientes, ayudándoles en su proceso de cambio. De nada serviría al cliente seguir las recomendaciones de cambio que fuesen ideadas en su mayoría por parte del coach, ya que un cambio no genuino no será perdurable en el tiempo.

 

Por otro lado y dentro de nuestra labor como coach, tendremos que detectar la situación actual del cliente en el presente identificando sus capacidades y limitaciones (temporalizar), sin olvidarnos de que, apoyándonos en donde este quiere llegar en el futuro (contextualizar), logremos encontrar el camino en el que logremos impulsarle para hacerle alcanzar sus objetivos (impulsar). En algunos casos podría ser necesario en el coach cierta dosis de intuición, habilidad que le permitiría anticiparse a posibles situaciones que podrían enturbiar la puesta en marcha de acciones de cambio en el cliente y por tanto postergación en la consecución del objetivo. (Intuir)

 

 Miguel Amor y José Luis Orts

 

 

 

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