El coaching desde el modelo humanista

Por: M. Escudero

 

El coaching desde el modelo humanista

 

Considero el modelo humanista como el enfoque básico para el ejercicio del coaching y a medida que he ido ahondando en las lecturas me he ido convenciendo más y más de ello, aunque también es cierto que las aportaciones del modelo cognitivo conductual me resultan, sin duda alguna, fundamentales.

 

Partimos de la base de que el cliente es una persona plena, en la que no hay necesariamente una disfunción o problema y es responsable de sus decisiones. Los coaches por otro lado, no establecemos parámetros de comportamiento, ni juzgamos ni aprobamos, y además no tenemos que aconsejar, por lo que no es necesario que sepamos ni ahondemos sobre el tema a tratar. Lo que sí se espera del coach como premisa, desde el enfoque humanista, es que aceptemos incondicionalmente al coachee y cualquier planteamiento que él haga.

 

En los procesos de coaching que he realizado hasta ahora, me he encontrado que todos los clientes, sin excepción, me solicitaban consejo en las últimas sesiones, aun habiendo explicado en la primera sesión en lo que consistía el proceso. Es labor imprescindible del coach entender y aceptar que el cliente pueda pensar que un consejo externo le pueda ser valioso, pero es también labor imprescindible del coach explicar al coachee que va a ser él, por si mismo, quien logre alcanzar su objetivo y que llegará a ser quien quiere llegar a ser, y que nosotros le vamos a ayudar y a acompañar en el logro, aceptando incondicionalmente lo que surja por el camino.

 

Es la aceptación incondicional por parte del coach una de las herramientas que, si bien parece sencilla, entraña mayor dificultad. Nuestras propias experiencias y situaciones vividas de forma casi idéntica a las que nos transmite el coachee, sabotean inconscientemente nuestra mente. Cada vez de una forma más automática vamos identificando esos pensamientos que nos llegan, dejándolos pasar, como haríamos en una sesión de meditación o de mindfulness: localizamos el pensamiento, nos fijamos en él un segundo y lo dejamos pasar, sin juzgarlo ni mantenerlo. Si no estamos atentos a esto, correremos el riesgo de tratar de “dirigir” al cliente hacia donde nosotros queremos. Nuestras propias experiencias y nuestras vivencias no tienen por qué funcionar en los demás. Una de las técnicas que más ayuda en estas situaciones es la reformulación, utilizando las mismas palabras que el coachee. En todos mis procesos de coaching los clientes en algún momento han exclamado: “Qué pregunta tan buena me acabas de hacer!”. Cuando asiento y les digo que acabo de repetir lo que me han dicho ellos, se muestran realmente sorprendidos y es una auténtica toma de conciencia de la situación. El oír a otra persona decir lo que ellos han dicho, con sus palabras exactas pero con otro tono, les coloca desde otra perspectiva y llegan a un insight directamente.

 

Para finalizar quería resaltar que la psicología positiva, como evolución del modelo humanista, también me esta resultando enormemente interesante. Enfocarnos en el potencial y en las fortalezas del cliente van a fundamentar el crecimiento y permitir llevar una vida plena tal y como decía Maslow y a alcanzar la felicidad auténtica, como decía Seligman. Hasta hace muy poco, lo habitual era partir del “problema”, incluso resolver desde la comparación del “otro”, tratando así de hallar la mejora. El confiar y trabajar esa confianza desde el propio cliente, ahondando en sus valores y sus fortalezas, provoca un impulso clave para alcanzar su bienestar. Parece que nos cuesta cambiar la mentalidad y reconocernos en nuestras virtudes, pero poco a poco voy descubriendo y mostrando a los clientes los cambios tan favorables que van experimentando sesión a sesión, y en gran parte es gracias a todas estas aportaciones del modelo humanista al ejercicio del coaching.

 

 

 MIRYAM ESCUDERO

Coach Ejecutivo-Organizativo Profesional

 

 

 

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